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Espacio para estudiar, analizar y conocer los hechos históricos, culturales y de ámbito general que han conformado la nación de la República Dominicana a través de toda su historia.

La Revolución de la Unión. (Año-1903)

Introducción:

La Revolución de La Unión fué un movimiento político y militar iniciado en Puerto Plata en octubre de 1903 por Carlos Morales Languasco. Jimenistas y horacistas se unieron para derrocar a Alejandro Woss y Gil. La revolución triunfó en noviembre de 1903 y Morales asumió la presidencia provisional.

Antecedentes:

En 1902, el presidente Jiménes fué derrocado por su vice-presidente Horacio Vásquez, lo que provocó una nueva etapa de conflictos políticos. Morales se exilió temporalmente, pero regresó poco después y participó en la llamada Guerra de los Ocho Meses contra el gobierno provisional de Vásquez. Más tarde, cuando Alejandro Woss y Gil llegó al poder en 1903 tras la “Revolución de los Presos”, Morales fué nombrado gobernador de Puerto Plata mediante acuerdos políticos entre distintos grupos.

Desde Puerto Plata, Morales organizó la llamada “Revolución de La Unión”. La revolución comenzó en octubre de 1903 y rápidamente ganó fuerza en el Cibao y otras regiones del país. Morales logró reunir apoyo militar y político suficiente para debilitar al gobierno central y sitiar Santo Domingo. Finalmente, Woss y Gil capituló el 24 de noviembre de 1903.  

Tras el triunfo revolucionario, Morales asumió la presidencia provisional el 25 de noviembre de 1903. Aunque inicialmente el movimiento había proclamado que llevaría nuevamente a Juan Isidro Jiménes al poder, la situación cambió cuando los horacistas impulsaron la candidatura presidencial de Morales junto a Ramón Cáceres como vice-presidente. Ésto provocó la ruptura con los jimenistas y el inicio de otra guerra civil conocida como “La Desunión”.  

A pesar de la guerra, Morales logró mantenerse en el poder gracias al apoyo militar horacista y al control del gobierno provisional. Convocó elecciones en enero de 1904 y posteriormente fué proclamado presidente constitucional de la República Dominicana, acompañado por Ramón Cáceres en la vicepresidencia.


Los revolucionarios triunfan en Santo Domingo.

“EL LOTE DE REVOLUCIONARIOS DE SANTO DOMINGO.
Insurgentes victoriosos marchando hacia la capital después de un exitoso asedio y la capitulación del presidente Woss y Gil. — Fotografía de E. E. Sprafford.”

COMPAÑÍA DE SOLDADOS DEL GOBIERNO GUARDANDO UNA PUERTA FORTIFICADA.
VISTA EXTERIOR DE UNA PUERTA FORTIFICADA, CON MUROS MARCADOS POR NUMEROSOS IMPACTOS DE BALAS.

RECIENTE SITIO DE SANTO DOMINGO POR LOS REVOLUCIONARIOS.

SOLDADOS DEL GOBIERNO MANTENIENDO UNA POSICIÓN ESTRATÉGICA ANTES DE LA RENDICIÓN DEL PRESIDENTE WOSS Y GIL. —Fotografías de C. E. Wood.

El levantamiento en la República Dominicana contra el gobierno del presidente Woss y Gil terminó recientemente con el triunfo de los revolucionarios.

Después de un sitio de varios días y de un considerable intercambio de disparos, que no causó daños muy extensos, Woss y Gil entregó la capital, la ciudad de Santo Domingo. Los insurgentes entraron y tomaron posesión. El presidente buscó refugio en un consulado extranjero y después abandonó el país en un buque extranjero, llevándose consigo, según se dice, todos los fondos disponibles del gobierno.

El general Carlos Morales, líder de la revuelta, se convirtió en presidente provisional, pero dos contrarrevoluciones, una encabezada por el expresidente Jiménes , han hecho insegura su permanencia en el poder.

Durante el sitio, desembarcaron marines de buques de guerra estadounidenses y de otras naciones europeas sólo para proteger los intereses extranjeros.

La entrada de los soldados revolucionarios en la capital fué un espectáculo extraño e interesante. Un joven estadounidense que presenció la escena escribió a la prensa norteamericana que la fuerza contaba con aproximadamente tres mil ochocientos hombres. Dice:

“Estaban bien armados, en su mayoría con rifles Remington, aunque había algunos Mauser y carabinas. Muchos también llevaban revólveres. Tenían abundante munición. Había alrededor de ochocientos hombres montados a caballo; el resto iba a pie. Tenían cerca de una docena de piezas ligeras de artillería de campaña.

La mayoría de los hombres llevaba mantas, pero la manera en que transportaban su comida era graciosa. Un hombre llevaba una olla de arroz, otro un saco de frijoles, otro una pierna de cordero, etcétera. Había hombres de toda clase y condición.

Todo el mundo parecía encantado de ver entrar al ejército. Me recordó a un desfile electoral. Había varios expresidentes en la calle vitoreando. Me señalaron a uno de ellos como un hombre cuyo gobierno había durado apenas un mes.

El recinto de la guarnición, después de que entró el ejército, ofrecía un gran espectáculo. Inmediatamente después de entrar, los soldados comenzaron a jugar con un entusiasmo que indicaba que consideraban eso, y no la guerra, como el verdadero negocio de la vida.”


Acta de Constitución, en Puerto Plata, del Gobierno Provisional de Morales Languasco al iniciarse la Revolución de la Unión.  (Documento: AGN. Ministerio de lo Interior y Policía. Libro No. 95.)

Decretos y Resoluciones del Gobierno Provisional en 1903.

En la ciudad de San Felipe de Puerto Plata a los veinte y cinco días del mes de octubre de mil novecientos tres, a las diez de la mañana y previa convocatoria del general Carlos Felipe Morales Languasco, jefe de la Revolución que, en la tarde de ayer, se inició por él en esta ciudad, desconoció la autoridad del gobierno inmoral del presidente Alejandro Woss y Gil, se reunieron en la Gobernación los siguientes ciudadanos, firmantes del manifiesto de la Revolución, constituidos ad-hoc en Junta Revolucionaria, a saber: general Carlos Ginebra, general Eliseo Cabrera, general Pablo Parreño, general Rufo Reyes, general Carlos Reynoso, general José A. Pérez, general Miguel E. Alfau, Pedro Vicente Vanegas, Armando Negrete, Juan Vicente Flores, Eladio Victoria, Carlos Nouel, Manuel de J. Matthiew, Jorge de Lemos, Antonio Morales L., el mismo general Carlos F. Morales L., y otros ciudadanos tales como el presbítero José Ramón Franco y Pablo López. El general Carlos F. Morales L. hizo uso de la palabra y dijo que habiéndose consumado el pronunciamiento de la ciudad e iniciado por él la Revolución contra el expresado gobierno del general Woss y Gil, consideraba como un deber, depositar en el seno de la Junta la facultad de que hizo uso para dar principio al movimiento, que daba por terminado fue sometido, y que dejaba así a la Junta en libertad de proceder como mejor tuviese a bien. Después de algunos momentos de deliberación, convinieron todos los presentes por unanimidad, que el expresado general Morales L. continuara al frente de la Revolución y se constituyese bajo su presidencia un gobierno provisional, por ser esta la manera más eficaz de dirigir a buen término los intereses del movimiento. El general Morales L. declaró que aceptaba el encargo y dio las gracias por la confianza que en él se depositaba: y después de expresar que en prueba de la buena fe, armonía y concordia que debían existir entre los dos partidos, jimenistas y horacistas, unidos en el patriótico propósito de llevar a cabo la revolución principiada, era preciso que formasen el Gobierno igual número de individuos de una y otra agrupación política, pasó a constituirlo, siendo designados y escogidos: para ministro de lo Interior y Policía, el ciudadano general Carlos Reinoso; para ministro de Relaciones Exteriores, el ciudadano Miguel E. Alfau; para Ministro de Justicia e Instrucción Pública, el ciudadano Enrique Jimenes; para ministro de Hacienda y Comercio, el ciudadano Enrique Pou; para ministro de Guerra y Marina, el ciudadano, general Eliseo Cabrera; para ministro de Fomento y Obras Públicas, el ciudadano Eladio Victoria; y, para ministro de Correos y Telégrafos, el ciudadano, general Carlos Ginebra. Estando ausente el ciudadano Enrique Jimenes, fue hasta su llegada encargado del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública el ciudadano general Rufo Reyes. Acto continuo se pasó a verificar los nombramientos siguientes: para gobernador civil y militar del Distrito de Puerto Plata, el general Jesús Mª Céspedes; y adjunto a la Gobernación el general José Eugenio Villanueva; como el general Céspedes estaba ausente en la Sección de Sosúa de este Distrito y debía permanecer allí desempeñando una importante misión militar, se acordó oficiar en seguida al General Villanueva, también ausente, para que viniese inmediatamente a hacerse cargo de la Gobernación, con el carácter de interino. Para adjunto a la Comandancia de Armas de la Plaza de Puerto Plata desempeñada por el ciudadano general Francisco Efré, fue nombrado el ciudadano Armando Negrete; para administrador de Hacienda interino al ciudadano Antonio Morales L; para Interventor de la Aduana de este Puerto, el ciudadano José Obino Menard con carácter de interino; para comandante interino de este puerto el general Pablo Parreño; los demás destinos del Distrito, con alguna ligera modificación, quedarán a cargo de los mismos ciudadanos que hasta la fecha venían desempeñándolos. También estaban presentes en la reunión como firmantes del Manifiesto y miembros de la extinguida Junta Revolucionaria los ciudadanos Tomás de Frías y Enrique Pou, ministro de Hacienda y Comercio. Acto continuo mandó el presidente del Gobierno Provisional general Carlos F. Morales L. se retirasen de la sala los que no formaban parte de él porque se debía celebrar una entrevista secreta con el ex interventor de la Aduana de Puerto Plata, ciudadano Luis E. Ricart que, para ese efecto, había sido bajado de la Fortaleza, donde se hallaba en calidad de preso desde la noche anterior. No se llegó a ninguna resolución en esa entrevista. En fe de todo lo que antecede se levanta la presente acta, que firman el general Morales a quien la Junta Revolucionara revistió con el carácter de Jefe Supremo de la Revolución y los Ministros que con él componen el Gobierno.

                                                 Morales Languasco

Eladio Victoria        Enrique Pou        Carlos Ginebra

Doy fé: el Secretario Ad hoc.

Juan Vicente Flores

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