El origen de una de las crisis políticas más importantes en la historia de la República Dominicana se produjo por las tensiones entre el presidente Juan Isidro Jiménes y sectores descontentos de su propio partido que desembocaron en un movimiento revolucionario encabezado por Horacio Vásquez.

« Puerto Plata, 7 de mayo de 1902 — Teatro y Ayuntamiento. Día de la capitulación de ésta ciudad ante la revolución que derrocó al presidente Jiménes. »
Puerto Plata, 7 de mayo de 1902— Jinetes dirigiéndose hacia el nuevo gobierno.
En abril de 1902 estalló en la República Dominicana una revolución encabezada por el vice-presidente Horacio Vásquez contra el gobierno de su presidente Juan Isidro Jiménes. Aunque ambos habían colaborado en el movimiento que siguió a la caída de Ulises Heureaux en 1899, las diferencias políticas entre sus partidarios se habían profundizado. Vásquez y sus seguidores acusaban al gobierno de permitir el regreso de figuras vinculadas al antiguo régimen, mientras que la confianza entre ambos líderes se había deteriorado gravemente.
El 26 de abril de 1902, Horacio Vásquez lanzó desde Santiago un llamado a las armas contra el gobierno. La insurrección encontró un rápido respaldo en gran parte del Cibao, donde numerosos jefes militares y autoridades locales se unieron al movimiento. Durante los días siguientes, las fuerzas revolucionarias extendieron su control por distintas regiones del país, mientras el gobierno de Jiménes veía disminuir sus apoyos políticos y militares. Ciudades importantes del norte, entre ellas Puerto Plata, terminaron reconociendo la autoridad de los revolucionarios, en un proceso que en algunas localidades fué descrito como una capitulación ante la revolución triunfante.
A medida que avanzaban los rebeldes, quedó claro que el gobierno carecía de la fuerza necesaria para sostener una resistencia prolongada. Para evitar una guerra civil de mayores proporciones, Juan Isidro Jiménes presentó su renuncia el 2 de mayo de 1902, poniendo fín a su primer mandato presidencial. Tras su caída, Horacio Vásquez asumió el poder e inició un nuevo período político.
Aunque la revolución duró apenas unos días, sus consecuencias fueron profundas. El enfrentamiento consolidó la división entre jimenistas (bolos) y horacistas (coludos), una rivalidad que dominaría la política dominicana durante los años siguientes por más de una de década y contribuiría a la inestabilidad que caracterizó al país en las primeras décadas del siglo XX.

