Éste texto presenta una visión temprana de la Cuba posterior a la independencia, marcada por el contraste entre la modernización impulsada por capital estadounidense y la persistencia de costumbres tradicionales. El autor describe ciudades, paisajes, arquitectura colonial y cambios sociales, mientras expone también prejuicios propios de su época. En medio de ésta mirada, destaca la figura de Máximo Gómez, el héroe de la independencia cubana, cuya muerte reciente en La Habana añade un tono de homenaje a un gran líder admirado por su sencillez y grandeza.
Interesting Cuba
By Frederick A. Ober
https://en.wikipedia.org/wiki/Frederick_A._Ober
autor de “Nuestros vecinos antillanos”, “Campamentos en el Caribe”, “Bajo la bandera cubana”, etc.

El fallecido General Máximo Gómez, en su casa de La Habana
Por supuesto que irás algún día, si es que aún no has visitado Cuba, en cuyo caso seguramente volverás, es muy fácil llegar y hay mucho que ver cuando llegas allí. La Habana debería ser uno de sus objetivos y Santiago el otro; entre ellos, 800 kilómetros de paisajes tropicales: vastos bosques, amplios llanos, plantaciones azucareras salpicadas de ingenios humeantes, cafetales, cocoteros, ciudades centenarias con arquitectura hispano-morisca. Todo ésto podrá contemplarlo mientras viaja en el magnífico ferrocarril de Sir William Van Horne, maravillosamente equipado para ser nuevo y provisto de todos los lujos como coches cama Pullman, vagones comedor y miradores. Este Sir William, como usted sabe, es un yankee de Illinois, con un barniz canadiense y un toque cosmopolitan, así que sabe lo que es viajar. También ha construido hoteles a lo largo de la línea y está construyendo más; entre ellos se encuentra la estructura de un millón de dólares que se está construyendo en La Habana, diseñada para ser la más suntuosa y moderna del mundo. Quizás sea demasiado cara para el turista promedio; pero no importa, “hay otras”.
Los cubanos no han cambiado ni un ápice. Los paisanos nativos visten los mismos pantalones anchos, con corte de miriñaque, calzan sus pies descalzos y con sandalias de cuerda de cáñamo, aran sus campos con un palo torcido y aguijonean a sus pacientes bueyes con clavitos de cinco centímetros de largo. No son más perezosos que en la antigüedad, simplemente porque les es imposible serlo. Su admiración por los americanos( estadounidenses) es excesiva, pero en cuanto a la gratitud —aunque los estadounidenses realmente regeneraron su isla, derramaron su sangre para alcanzar su libertad y su tesoro para darles escuelas, un sistema sanitario y un gobierno—, aún desconocen ese sentimiento ennoblecedor.
Se podría citar al presidente Palma, el favorito de los cubanos, “Don Tomás”, como un brillante ejemplo de lo que un cubano debería ser, pero no es, pues ha proclamado con frecuencia la deuda de su isla con los Estados Unidos. Aunque a través de su larga residencia en nuestro país, Don Tomás es menos cubano que estadounidense. Es el cubano, más algo mejor.
En Cuba sólo ha habido otro más grande que él, y ese fué el gran héroe Máximo Gómez, quien murió en junio pasado en La Habana, rodeado de su encantadora familia, en un una calle poco conocida, a solo dos cuadras del Prado. Era un hombre siempre afable, sencillo en su vida y costumbres, un hombre encantador de conocer: éste es él «Washington de Cuba». Aunque, sin duda, el hombre más grande de Cuba, el general Gómez no era cubano, pues nació en la isla de Santo Domingo (República Dominicana).
El capital estadounidense ha invadido Cuba y absorbido a las grandes compañías tabacaleras, decían; pero millones y millones de ellos no pueden lograr un cambio apreciable en el trabajador tabacalero cubano. Sigue siendo tan descuidado por costumbres como siempre, todavía fuma el inevitable cigarrillo y aún mejora su mente escuchando las frases sonoras de su “lector”, que reparte noticias por la mañana y novelas cortas a plazos durante el resto del día. Su mente puede haber mejorado, pero no tanto el producto de su trabajo, a juzgar por el sabor de esas “flor de cabagó” que se imponen al extranjero en La Habana como conchas y príncipes.

Lector en una fábrica de tabaco cubana
Encontrará pocas reliquias existentes de la última guerra en Cuba, pues incluso los reconcentrados que sobrevivieron al sangriento Weyler han sido engordados hasta quedar irreconocibles, dados sus “cuarenta acres y una mula”, y se han establecido como agricultores pacíficos. Pero si desean ver cómo era una trocha española, suban a los carros y corran a Ciego de Ávila, donde encontrarán algunos magníficos ejemplares de fortines macizos aún en pie. Los españoles que los defendieron se fueron hace mucho tiempo, y la alambrada que los conectaba se ha convertido en cercas para granjas prósperas (como en Ceballos, la famosa colonia americana). El espacio de un kilómetro de ancho, despejado por los españoles a lo largo de toda la isla, ofrece una excelente oportunidad para que los jóvenes agricultores cubanos cultiven, libres de árboles y maleza. Si hubiera sido una trocha americana, estos hermosos fortines nunca se habrían construido, pues en su lugar, probablemente, habría habido toscas chabolas de losas o, en el mejor de los casos, toscas estructuras de piedra. Y ésta perfección de la mano de obra, alcanzada por el albañil y constructor español, marca la diferencia entre el estilo arquitectónico “americano” y el del Viejo Mundo, o morisco.

Fortín Cubano
La casa Hispano-Americana, ya sea de un año o de un siglo de antigüedad, siempre está construida con piedra maciza alrededor de un patio central, tiene un techo de tejas pesadas y es absolutamente ignífuga. Ejemplos de esta admirable arquitectura se dan en las imágenes aquí presentadas de una casa moderna en Puerto Príncipe, con las grandes tinajas, utilizadas como cisternas, en su patio; y la casa de Hernán Cortés, en Santiago. Ésta última es probablemente la casa más antigua de Cuba, habiendo sido erigida en la segunda década del siglo XVI, poco después de que Cortés, el conquistador de México, llegara a Cuba con Velázquez. Sin embargo, aún se mantiene en pie en su sitio original, bien conservada; un buen ejemplo de lo que los españoles llamaban una casa y del estilo que construyeron, no solo en España, sino también en toda Hispanoamérica.

Patio privado cubano, con tinajas
Los españoles en Cuba construyeron sus casas para perdurar eternamente, al parecer; como pretendían que perdurara su soberanía. Aunque quizá desconocieran el verdadero significado de un hogar, sabían cómo construir una vivienda, un fuerte, una catedral; así que, después de todo, hicieron algo por el progreso de Cuba.

Casa de Cortés (a la derecha), ocupada por él alrededor de 1517-18. Bahía de Santiago y Sierra del Cobre a lo lejos.

