Introducción:
El texto presentado corresponde a un testimonio de viaje escrito por el señor Field, un ciudadano Inglés que visitó la República Dominicana —entonces conocida comúnmente como Santo Domingo— a principios del siglo XX específicamente en (1903, 1904). Tras pasar un año recorriendo la isla y observando su realidad social, económica y geográfica, Field ofrece una visión optimista sobre el futuro del país bajo el gobierno del presidente Morales. Desde su perspectiva extranjera, el autor resalta descripciones de la naturaleza tropical, la riqueza natural, la honestidad del pueblo dominicano y las oportunidades que el territorio ofrece para la inversión extranjera. Al mismo tiempo, denuncia la falta de conocimiento que el mundo exterior tiene sobre Santo Domingo y confía en que, bajo un gobierno estable y con la colaboración de los Estados Unidos, el país alcance finalmente el desarrollo económico que su abundancia de recursos promete.
The Truth About Santo Domingo
BY H. GOODING FIELD
[El señor Field es inglés. Acaba de llegar de Santo Domingo, donde ha pasado el último año viajando por toda la isla y reuniéndose con ciudadanos de todas las clases sociales. Está interesado en el desarrollo comercial del país y tiene una visión optimista de la situación.-EDITOR.]

El escritor en Bonao, Río Yuna
Cuando se me ocurrió por primera vez la idea de visitar Santo Domingo, se lo comenté a un amigo mío en Nueva York —un hombre bastante inteligente— y me informó que con gusto me daría una carta de presentación para un amigo suyo en Manila, Filipinas, quien, sin duda, haría que mi viaje a Santo Domingo fuera placentero. Considerando que hay más de 20,000 millas entre Manila y la República de Santo Domingo, se puede inferir con seguridad que la situación geográfica de Santo Domingo no se conoce bien; la ignorancia sobre las condiciones generales en Santo Domingo, ante tal desconocimiento, es fácil de imaginar.
Si bien resulta singular que ésta magnífica isla tropical, con una superficie de 28,249 millas cuadradas, situada equidistante entre las islas de Cuba y Puerto Rico, haya progresado menos y sea menos conocida hoy que cualquier otra parte del hemisferio occidental, las razones que han causado la falta de desarrollo de este país maravillosamente fértil y productivo se ven, por fin, superadas gracias al establecimiento de un gobierno nuevo, fuerte e inteligente, bajo la presidencia de Morales, y a la cooperación positiva y activa del Gobierno de los Estados Unidos con la actual Administración de Santo Domingo *. Los funcionarios de ésta administración son plenamente conscientes de las excepcionales oportunidades que ofrece el capital estadounidense en ese país. Éstas nuevas condiciones garantizan el cese de las disensiones políticas, una era de prosperidad permanente y un desarrollo inmediato de sus recursos naturales y de otra índole, sin parangón en ningún otro país del mundo.*
Todos los relatos históricos de Santo Domingo coinciden en su clima excepcionalmente saludable y salubre. En muchos puntos del interior, la temperatura, en ningún momento cambia, varía según la estación, descendiendo por debajo de los sesenta grados o ascendiendo por encima de los ochenta y cinco. Tanto en los deltas y valles como en las cumbres de las montañas, el suelo es rico y productivo, capaz de cultivar cualquier planta que prospere en un clima tropical. Las montañas más altas de las Antillas se encuentran en Santo Domingo, con una altitud superior a los 10,000 pies sobre el nivel del mar.
Es bien sabido que la República de Santo Domingo ha sido, y aún es, confundida con la República Negra de Haití, que comprende solo un tercio del extremo occidental de la isla; el resto, unos 51,800 kilómetros cuadrados, corresponde a la República de Santo Domingo.
Durante mis viajes por Santo Domingo —en su mayor parte sin compañía— que se extendieron a lo largo de doce meses, la honestidad de los dominicanos me impresionó profundamente. A éste respecto, el siguiente incidente corrobora estas afirmaciones. Al preguntar a un comerciante prominente de Santiago, una importante ciudad del interior, sobre el proceso legal para cobrar deudas bajo la jurisdicción Dominicana, me informó sobre el procedimiento legal para cobrar deudas, me informó que sus leyes establecían los medios para cobrar, al igual que en Estados Unidos, pero que en su larga experiencia como comerciante no había considerado necesario recurrir a los tribunales para tal fin; que sus créditos a dominicanos abarcaban una extensa área y, en total, una suma considerable; se fijaba una fecha para el pago de estos anticipos; por lo general, el pago se realizaba puntualmente, pero si por alguna razón un deudor no podía pagar en esa fecha, él daba sus razones, que siempre eran satisfactorias, y cuando se prometía el pago en otra fecha, se realizaba sin demora. Menciono esta conversación para mostrar la integridad del campesino o jornalero dominicano promedio.

La Catedral de Santiago
Se ha afirmado en la prensa que la práctica del vudú está muy extendida en Santo Domingo. Puedo afirmar categóricamente que no hay nada de cierto en esta afirmación. La religión del pueblo dominicano es el catolicismo romano. He sido testigo, en numerosas ocasiones, de sencillos actos de devoción en las chozas más humildes del interior y otras partes de la república. La moral de los dominicanos es buena. Consideran sagrado el voto matrimonial y, según mi propia observación, las relaciones familiares son todo lo que se podría desear. Tanto yo como mis acompañantes —todos extranjeros— hemos recibido toda clase de facilidades y cortesías durante nuestros viajes por parte de los funcionarios del Gobierno, sin importar su afiliación política, y es evidente que al extranjero se le concede un trato preferencial y los privilegios en Santo Domingo se ajustan plenamente al trato recibido en otros países civilizados, a pesar de las reiteradas afirmaciones en contrario. Hoy en día, en Santo Domingo, operan con éxito varias grandes empresas de propiedad exclusivamente de extranjeros, quienes aprovechan, y lo han hecho durante años, las oportunidades que ofrece el país para la inversión segura de capital.
El dominicano de clase alta es culto y posee una personalidad encantadora. He tenido el privilegio de asistir a numerosas y agradables veladas musicales y literarias con familias dominicanas, pero su aparente reserva hacia los extranjeros en sus hogares se debe fácilmente a su escasa relación con el mundo exterior. El país ha sido, y sigue siendo, una tierra incognita, pero los extranjeros imparciales que han visitado la República no pueden sino admitir que el trato con el dominicano inteligente, tanto desde el punto de vista empresarial como social, es sumamente agradable.
Un amigo mío- Belga, y residente desde hace tiempo en Santo Domingo, me contó la siguiente anécdota, que tiene mucho que ver con la fé de los dominicanos en materia de creencias religiosas. Mi amigo viajaba por el interior del país cuando se encontró con un hombre que cargaba con dificultad un gran barril de agua que había sacado de un arroyo a unos trescientos metros de distancia para regar su pequeño huerto de plátanos y maíz. Como el arroyo en cuestión tenía una corriente rápida, mi amigo le aconsejó que cavara una pequeña zanja y condujera el agua hasta su huerto, evitando así el trabajo de acarrearla hasta allí. Tras varios minutos de reflexión por parte del dominicano, éste respondió: «Si Dios Todopoderoso hubiera querido que el agua estuviera en mi tierra, la habría puesto aquí». Ésta respuesta, como es evidente, zanjó cualquier discusión posterior, y el dominicano seguía cargando el agua con esfuerzo.
He asistido a muchos bailes en pueblos costeros e interiores, y lo que más me impresionó fué el refinamiento de la gente. No es que no debiera ser así, sino que, en un país —como tan enfáticamente afirmó el Sr. Thorp en un número reciente de The Independent— donde las guerras civiles se libraron con una brutalidad que presenciaron los dominicanos resulta difícil de creer para quienes no los conocen. Me asombró encontrar un pueblo tan educado, cortés y con los mismos modales refinados que se hallan en otros países, aunque más conocidos. Santo Domingo, como ya he mencionado, es una tierra incognita. Un extenso informe minero, publicado en la revista Knickerbocker Magazine en marzo de 1863, contenía el siguiente extracto:
«Durante el siglo XVI, Santo Domingo aportó más oro del que toda Europa había tenido en circulación. Sus exportaciones, durante los años de bonanza minera, a veces superaban los 30 millones de dólares anuales. Con la incorporación de mineros experimentados y la maquinaria adecuada, hoy en día se pueden obtener resultados igualmente satisfactorios. Lo que se conoce guarda poca relación, probablemente, con la riqueza mineral desconocida de la isla».
Quizás no sea de conocimiento general que la extensión, las características y la calidad de la madera en Santo Domingo no tienen parangón en las Antillas ni en ningún país de Sudamérica, e incluye, en cantidades inmensas, todas las maderas preciosas y duras, como la caoba, el satén, el ébano, el guayacán, la madera de lanza, el roble o roble dominicano, la madera de tronco, la baitoa, la mara, etc., y el pino amarillo de hoja larga. La caoba y el satén de Santo Domingo se venden entre 120 y 130 dólares por cada 1000 pies tablares en bruto en cualquier puerto de la República. Si bien muchas de estas valiosas maderas han sido taladas cerca de los cursos de agua y el océano, existen vastos bosques vírgenes de enorme extensión de estas preciosas maderas y pinos aún intactos por falta de transporte ferroviario que los lleve a la costa y al mercado. Del informe de la Comisión de los Estados Unidos enviado a Santo Domingo por el Gobierno de los Estados Unidos en 1871, se indicaba, entre otros asuntos, que en las laderas de las montañas, a diferentes altitudes, abundan tanto las mejores maderas para ebanistería, como la caoba, el satén, etc., como una gran variedad de maderas especialmente adecuadas y valiosas para la construcción de viviendas y barcos. También existe, al parecer, una fuente inagotable de las maderas más valiosas que se utilizan en la manufactura o que tienen valor medicinal, como el palo de tinte, el fuste, áloes, etc. En varios lugares, los comisionados vieron casas construidas principalmente de caoba. A menos de treinta millas del principal puerto marítimo del norte, se veían con frecuencia grandes troncos de caoba de la mejor calidad, sin duda abandonados a la vera del camino por falta de transporte. A pesar de la abundancia de esta valiosa madera, no se encontró ningún aserradero en la isla.
La bahía de Manzanillo y la bahía de Samaná, ubicadas en las zonas noroeste y este de Santo Domingo respectivamente, son quizás los puertos de aguas profundas y protegidos más importantes de todas las Antillas. Según los mapas hidrográficos del Gobierno de los Estados Unidos, la profundidad de la bahía de Manzanillo oscila entre cinco y cuarenta y cinco brazas, y tanto la entrada como el puerto permiten el acceso, con total seguridad, a los buques más grandes. Cabe señalar que la Bahía de Manzanillo se encuentra justo en la ruta del gran canal comercial que conecta Europa y Estados Unidos con el nuevo Canal de Panamá, de ahí su inmensa importancia futura como importante base naval y de abastecimiento para los buques del mundo. Esta es también la bahía que el Gobierno de Estados Unidos ha considerado adquirir durante muchos años para una base naval, adquisición que, sin duda, se concretará en un futuro próximo. Debido a la falta de comunicación con el interior de Santo Domingo desde esta bahía, actualmente no hay habitantes en sus costas.

Hotel Central, Santiago de los Caballeros
Todo lo que se necesita en Santo Domingo es capital y espíritu emprendedor para desarrollar los valiosísimos recursos naturales de el país. La mano de obra es barata —de cuarenta a cincuenta centavos al día, y además, mano de obra calificada— y abundante. Vastos territorios de tierras maravillosamente fértiles esperan tan solo métodos de cultivo modernos para convertirse en ricas zonas productivas. El agua abunda en todas partes. Santo Domingo necesita urgentemente infraestructura ferroviaria. Los actuales medios de transporte anticuados, con pocas excepciones en la República, imposibilitan un desarrollo rentable y extenso. El actual Gobierno, bajo la presidencia de Morales —un administrador visionario, inteligente y prudente—, es plenamente consciente de que la inmigración, aunque deseable, es necesaria para lograr un cambio radical en la situación actual de Santo Domingo. Cualquiera que sea la política del Gobierno de Estados Unidos, cabe suponer que un país con recursos tan incomparables, conocidos incluso por los españoles de los siglos XV y XVI con resultados tan sumamente provechosos, ya no puede permanecer hermético.
New York City.
July, 1904.
- Observación.- Resulta un tanto extraño el planteamiento del autor, cuando se refiere a la cooperación de los Estados Unidos en la República Dominicana, en esa época (1903/1904), cuando dice, citamos:»la cooperación positiva y activa del Gobierno de los Estados Unidos con la actual Administración de Santo Dominigo. Los funcionarios de esta administración son plenamente conscientes de las excepcionales oportunidades que ofrece el capital estadounidense en ese país. Estas nuevas condiciones garantizan el cese de las disensiones políticas, una era de prosperidad permanente y un desarrollo inmediato de sus recursos naturales y de otra índole, sin parangón en ningún otro país del mundo». Termina la cita.
- En los días que el autor visitó la República Dominicana no hubo inversiones ni ayudas económicas de parte del gobierno de Estados Unidos que la beneficiaran, más bien ejercían presión para que se pagara la deuda que el Estado Dominicano tenía pendiente con la compañia norteamericana San Domingo Improvement Co., que comenzó con el Protocolo firmado por el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos, el 31 de enero de 1903, en cuyo tratado el gobierno dominicano cometió el error de aceptar que el gobierno norteamericano representara los intereses de una compañía privada. Cuando el autor publicó el presente artículo, en julio de 1904, el Tribunal Arbitral conformado de acuerdo con los términos del Protocolo antes citado, se encontraba sesionando en Washington desde mediados de noviembre de 1903, con fines de establecer los plazos y garantías para el pago de la referida deuda, que si no había emitido ya su Sentencia, estaba muy próximo a hacerlo el 14 de julio de 1904. Cooperación o ayuda del gobierno de los Estados Unidos para la República Dominicana hubiera sido la aceptación de los términos del «Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad» propuesto por el gobierno dominicano al de los Estados Unidos el 8 de enero de 1904, que sí contemplaba alguna cooperación y beneficios comerciales sobre exportaciones hacia los Estados Unidos, similares a los que entonces recibía Cuba. Pero éste fue rechazado, puesto que con el Laudo Arbitral Estados Unidos ya tenía asegurado su objetivo, de intervenir directamente en la política dominicana representando los intereses de la San Domingo Improvement Co., sin la necesidad de tener que dar nada a cambio.















