HistoriaRD-Serraty.

Espacio para estudiar, analizar y conocer los hechos históricos, culturales y de ámbito general que han conformado la nación de la República Dominicana a través de toda su historia.

  • Jacob H. Hollander y el estudio de la crisis financiera de la República Dominicana. (Año-1907)

    Introducción: Jacob H. Hollander, profesor de economía de la Universidad Johns Hopkins, desempeñó un papel clave en el análisis de la crisis financiera de la República Dominicana a inicios del siglo XX. Comisionado en 1905 por el presidente Theodore Roosevelt, Hollander investigó el origen y la magnitud de la deuda dominicana, revelando décadas de mala…

  • La República Dominicana y los Estados Unidos. (Año-1905)

    Introducción: A comienzos del siglo XX, la República Dominicana se encontró atrapada en una crisis financiera, política y diplomática que había comenzado a gestarse mucho antes del gobierno de Carlos Morales Languasco. Cuando éste asumió la presidencia, heredó una situación que ya había comprometido seriamente la soberanía nacional, especialmente a partir del Protocolo del 31…

  • El Futuro de la República Dominicana (Año-1904)

    Éste texto, atribuido al general Juan Francisco Sánchez, analiza la situación política y económica de la República Dominicana a inicios del siglo XX, destacando las causas de su inestabilidad y la necesidad de restablecer el orden. A través de referencias históricas y reflexiones políticas, el autor defiende la independencia nacional y plantea la cooperación con…

  • Santo Domingo: La Isla del Caos (1904).

    Éste texto describe la compleja situación social y política de la República Dominicana a comienzos del siglo XX, especificamente a principios del año 1904, el panorama político estaba marcado por continuas revoluciones, gobiernos inestables y enfrentamientos entre caudillos. El autor presenta a figuras como Jimenes, Morales, Vásquez y Cáceres como actores centrales de una lucha…

  • La Cuba Interesante. (año 1905)

    Éste texto presenta una visión temprana de la Cuba posterior a la independencia, marcada por el contraste entre la modernización impulsada por capital estadounidense y la persistencia de costumbres tradicionales. El autor describe ciudades, paisajes, arquitectura colonial y cambios sociales, mientras expone también prejuicios propios de su época. En medio de ésta mirada, destaca la…

  • La verdadera historia de Máximo Gómez

    Máximo Gómez Báez (1836–1905) fué un destacado estratega militar y una de las figuras más influyentes en las luchas por la independencia de Cuba. Nacido en Baní, en la entonces colonia española de Santo Domingo (actual República Dominicana), se formó inicialmente en el ejército español, experiencia que más tarde aplicaría con gran eficacia al ponerse…

  • Santo Domingo en 1904: Crónica de una República Estancada.

    Introducción: Éste texto de Thomas R. Dawley Jr. ofrece una mirada directa y crítica a la República Dominicana de inicios del siglo XX. A través de su recorrido desde Puerto Plata hasta Santo Domingo, el autor describe un país marcado por la corrupción, la inestabilidad política y el abandono económico, pese a su riqueza natural.…

  • Santo Domingo, La «Isla de la Inquietud».

    Introducción El texto que sigue, escrito por William Thorp a principios del siglo XX, específicamente en el año 1904, constituye un ejemplo representativo de la literatura colonialista y racializada que circulaba en el mundo anglosajón sobre la República Dominicana y Haití. Su contenido refleja los prejuicios, temores y estereotipos de la época, particularmente en relación…

  • El nuevo protocolo dominicano-estadounidense y la disputa sobre el control de las aduanas (1905)

    Introducción El texto aborda los acontecimientos ocurridos en torno al nuevo protocolo firmado entre Estados Unidos y Santo Domingo el 7 de febrero de 1905, tras el fracaso de un acuerdo previo. Este convenio, diseñado para reorganizar el manejo de la deuda dominicana y asegurar la estabilidad financiera del país, simplificó compromisos anteriores y reafirmó…

  • La Diplomacia de Fuego Rápido: El intento de establecer una administración estadounidense sobre las finanzas dominicanas.(1905)

    Introducción: A comienzos del siglo XX, la República Dominicana —conocida entonces como Santo Domingo— se encontraba inmersa en un panorama de inestabilidad política, crisis financiera y presiones internacionales. En éste contexto, Estados Unidos, bajo la presidencia de Theodore Roosevelt, adoptó una política exterior caracterizada por la rapidez y la acción directa, conocida como “diplomacia de…

  • La República Dominicana: una tierra de promesas y desconocimiento. (Año-1904)

    Introducción: El texto presentado corresponde a un testimonio de viaje escrito por el señor Field, un ciudadano Inglés que visitó la República Dominicana —entonces conocida comúnmente como Santo Domingo— a principios del siglo XX específicamente en (1903, 1904). Tras pasar un año recorriendo la isla y observando su realidad social, económica y geográfica, Field ofrece…

  • Santo Domingo: Una República Turbulenta. Años 1903 y 1904.

    Introducción: A comienzos del siglo XX, la República Dominicana vivía una profunda inestabilidad política marcada por luchas caudillistas. En éste contexto, dos figuras militares destacaron por su protagonismo en los constantes cambios de poder: el general Carlos F. Morales y el general Juan Isidro Jimenes. Carlos F. Morales inició y encabezó en Puerto Plata un…

  • Santo Domingo en Venta, año 1892: Deuda,Concesiones y Amenaza a la Soberanía.

    A finales del siglo XIX, la República Dominicana -ubicada en la isla de Santo Domingo- enfrentaba una grave crisis económica y una creciente amenaza a su soberanía. El endeudamiento excesivo, la mala administración y la cesión de derechos aduaneros y concesiones a potencias extranjeras colocaron al país en una posición vulnerable frente a intereses financieros…

  • Santo Domingo. La ciudad europea más antigua en suelo americano.

    Santo Domingo es la ciudad primada de América. Es dónde todo comenzó en el nuevo mundo con la llegada de los españoles en 1492. A continuación veremos un relato histórico sobre el primer asentamiento europeo en la isla de la Hispaniola o Santo Domingo y también acerca de Cristóbal Colón y sus restos. Es un…

  • HistoriaRD-Serraty


Introducción:

El texto presentado corresponde a un testimonio de viaje escrito por el señor Field, un ciudadano Inglés que visitó la República Dominicana —entonces conocida comúnmente como Santo Domingo— a principios del siglo XX específicamente en (1903, 1904). Tras pasar un año recorriendo la isla y observando su realidad social, económica y geográfica, Field ofrece una visión optimista sobre el futuro del país bajo el gobierno del presidente Morales. Desde su perspectiva extranjera, el autor resalta descripciones de la naturaleza tropical, la riqueza natural, la honestidad del pueblo dominicano y las oportunidades que el territorio ofrece para la inversión extranjera. Al mismo tiempo, denuncia la falta de conocimiento que el mundo exterior tiene sobre Santo Domingo y confía en que, bajo un gobierno estable y con la colaboración de los Estados Unidos, el país alcance finalmente el desarrollo económico que su abundancia de recursos promete.


The Truth About Santo Domingo

BY H. GOODING FIELD

[El señor Field es inglés. Acaba de llegar de Santo Domingo, donde ha pasado el último año viajando por toda la isla y reuniéndose con ciudadanos de todas las clases sociales. Está interesado en el desarrollo comercial del país y tiene una visión optimista de la situación.-EDITOR.]

El escritor en Bonao, Río Yuna

Cuando se me ocurrió por primera vez la idea de visitar Santo Domingo, se lo comenté a un amigo mío en Nueva York —un hombre bastante inteligente— y me informó que con gusto me daría una carta de presentación para un amigo suyo en Manila, Filipinas, quien, sin duda, haría que mi viaje a Santo Domingo fuera placentero. Considerando que hay más de 20,000 millas entre Manila y la República de Santo Domingo, se puede inferir con seguridad que la situación geográfica de Santo Domingo no se conoce bien; la ignorancia sobre las condiciones generales en Santo Domingo, ante tal desconocimiento, es fácil de imaginar.

Si bien resulta singular que ésta magnífica isla tropical, con una superficie de 28,249 millas cuadradas, situada equidistante entre las islas de Cuba y Puerto Rico, haya progresado menos y sea menos conocida hoy que cualquier otra parte del hemisferio occidental, las razones que han causado la falta de desarrollo de este país maravillosamente fértil y productivo se ven, por fin, superadas gracias al establecimiento de un gobierno nuevo, fuerte e inteligente, bajo la presidencia de Morales, y a la cooperación positiva y activa del Gobierno de los Estados Unidos con la actual Administración de Santo Domingo *. Los funcionarios de ésta administración son plenamente conscientes de las excepcionales oportunidades que ofrece el capital estadounidense en ese país. Éstas nuevas condiciones garantizan el cese de las disensiones políticas, una era de prosperidad permanente y un desarrollo inmediato de sus recursos naturales y de otra índole, sin parangón en ningún otro país del mundo.*

Todos los relatos históricos de Santo Domingo coinciden en su clima excepcionalmente saludable y salubre. En muchos puntos del interior, la temperatura, en ningún momento cambia, varía según la estación, descendiendo por debajo de los sesenta grados o ascendiendo por encima de los ochenta y cinco. Tanto en los deltas y valles como en las cumbres de las montañas, el suelo es rico y productivo, capaz de cultivar cualquier planta que prospere en un clima tropical. Las montañas más altas de las Antillas se encuentran en Santo Domingo, con una altitud superior a los 10,000 pies sobre el nivel del mar.

Es bien sabido que la República de Santo Domingo ha sido, y aún es, confundida con la República Negra de Haití, que comprende solo un tercio del extremo occidental de la isla; el resto, unos 51,800 kilómetros cuadrados, corresponde a la República de Santo Domingo.

Durante mis viajes por Santo Domingo —en su mayor parte sin compañía— que se extendieron a lo largo de doce meses, la honestidad de los dominicanos me impresionó profundamente. A éste respecto, el siguiente incidente corrobora estas afirmaciones. Al preguntar a un comerciante prominente de Santiago, una importante ciudad del interior, sobre el proceso legal para cobrar deudas bajo la jurisdicción Dominicana, me informó sobre el procedimiento legal para cobrar deudas, me informó que sus leyes establecían los medios para cobrar, al igual que en Estados Unidos, pero que en su larga experiencia como comerciante no había considerado necesario recurrir a los tribunales para tal fin; que sus créditos a dominicanos abarcaban una extensa área y, en total, una suma considerable; se fijaba una fecha para el pago de estos anticipos; por lo general, el pago se realizaba puntualmente, pero si por alguna razón un deudor no podía pagar en esa fecha, él daba sus razones, que siempre eran satisfactorias, y cuando se prometía el pago en otra fecha, se realizaba sin demora. Menciono esta conversación para mostrar la integridad del campesino o jornalero dominicano promedio.

La Catedral de Santiago

Se ha afirmado en la prensa que la práctica del vudú está muy extendida en Santo Domingo. Puedo afirmar categóricamente que no hay nada de cierto en esta afirmación. La religión del pueblo dominicano es el catolicismo romano. He sido testigo, en numerosas ocasiones, de sencillos actos de devoción en las chozas más humildes del interior y otras partes de la república. La moral de los dominicanos es buena. Consideran sagrado el voto matrimonial y, según mi propia observación, las relaciones familiares son todo lo que se podría desear. Tanto yo como mis acompañantes —todos extranjeros— hemos recibido toda clase de facilidades y cortesías durante nuestros viajes por parte de los funcionarios del Gobierno, sin importar su afiliación política, y es evidente que al extranjero se le concede un trato preferencial y los privilegios en Santo Domingo se ajustan plenamente al trato recibido en otros países civilizados, a pesar de las reiteradas afirmaciones en contrario. Hoy en día, en Santo Domingo, operan con éxito varias grandes empresas de propiedad exclusivamente de extranjeros, quienes aprovechan, y lo han hecho durante años, las oportunidades que ofrece el país para la inversión segura de capital.

El dominicano de clase alta es culto y posee una personalidad encantadora. He tenido el privilegio de asistir a numerosas y agradables veladas musicales y literarias con familias dominicanas, pero su aparente reserva hacia los extranjeros en sus hogares se debe fácilmente a su escasa relación con el mundo exterior. El país ha sido, y sigue siendo, una tierra incognita, pero los extranjeros imparciales que han visitado la República no pueden sino admitir que el trato con el dominicano inteligente, tanto desde el punto de vista empresarial como social, es sumamente agradable.

Un amigo mío- Belga, y residente desde hace tiempo en Santo Domingo, me contó la siguiente anécdota, que tiene mucho que ver con la fé de los dominicanos en materia de creencias religiosas. Mi amigo viajaba por el interior del país cuando se encontró con un hombre que cargaba con dificultad un gran barril de agua que había sacado de un arroyo a unos trescientos metros de distancia para regar su pequeño huerto de plátanos y maíz. Como el arroyo en cuestión tenía una corriente rápida, mi amigo le aconsejó que cavara una pequeña zanja y condujera el agua hasta su huerto, evitando así el trabajo de acarrearla hasta allí. Tras varios minutos de reflexión por parte del dominicano, éste respondió: «Si Dios Todopoderoso hubiera querido que el agua estuviera en mi tierra, la habría puesto aquí». Ésta respuesta, como es evidente, zanjó cualquier discusión posterior, y el dominicano seguía cargando el agua con esfuerzo.

He asistido a muchos bailes en pueblos costeros e interiores, y lo que más me impresionó fué el refinamiento de la gente. No es que no debiera ser así, sino que, en un país —como tan enfáticamente afirmó el Sr. Thorp en un número reciente de The Independent— donde las guerras civiles se libraron con una brutalidad que presenciaron los dominicanos resulta difícil de creer para quienes no los conocen. Me asombró encontrar un pueblo tan educado, cortés y con los mismos modales refinados que se hallan en otros países, aunque más conocidos. Santo Domingo, como ya he mencionado, es una tierra incognita. Un extenso informe minero, publicado en la revista Knickerbocker Magazine en marzo de 1863, contenía el siguiente extracto:

«Durante el siglo XVI, Santo Domingo aportó más oro del que toda Europa había tenido en circulación. Sus exportaciones, durante los años de bonanza minera, a veces superaban los 30 millones de dólares anuales. Con la incorporación de mineros experimentados y la maquinaria adecuada, hoy en día se pueden obtener resultados igualmente satisfactorios. Lo que se conoce guarda poca relación, probablemente, con la riqueza mineral desconocida de la isla».

Quizás no sea de conocimiento general que la extensión, las características y la calidad de la madera en Santo Domingo no tienen parangón en las Antillas ni en ningún país de Sudamérica, e incluye, en cantidades inmensas, todas las maderas preciosas y duras, como la caoba, el satén, el ébano, el guayacán, la madera de lanza, el roble o roble dominicano, la madera de tronco, la baitoa, la mara, etc., y el pino amarillo de hoja larga. La caoba y el satén de Santo Domingo se venden entre 120 y 130 dólares por cada 1000 pies tablares en bruto en cualquier puerto de la República. Si bien muchas de estas valiosas maderas han sido taladas cerca de los cursos de agua y el océano, existen vastos bosques vírgenes de enorme extensión de estas preciosas maderas y pinos aún intactos por falta de transporte ferroviario que los lleve a la costa y al mercado. Del informe de la Comisión de los Estados Unidos enviado a Santo Domingo por el Gobierno de los Estados Unidos en 1871, se indicaba, entre otros asuntos, que en las laderas de las montañas, a diferentes altitudes, abundan tanto las mejores maderas para ebanistería, como la caoba, el satén, etc., como una gran variedad de maderas especialmente adecuadas y valiosas para la construcción de viviendas y barcos. También existe, al parecer, una fuente inagotable de las maderas más valiosas que se utilizan en la manufactura o que tienen valor medicinal, como el palo de tinte, el fuste, áloes, etc. En varios lugares, los comisionados vieron casas construidas principalmente de caoba. A menos de treinta millas del principal puerto marítimo del norte, se veían con frecuencia grandes troncos de caoba de la mejor calidad, sin duda abandonados a la vera del camino por falta de transporte. A pesar de la abundancia de esta valiosa madera, no se encontró ningún aserradero en la isla.

La bahía de Manzanillo y la bahía de Samaná, ubicadas en las zonas noroeste y este de Santo Domingo respectivamente, son quizás los puertos de aguas profundas y protegidos más importantes de todas las Antillas. Según los mapas hidrográficos del Gobierno de los Estados Unidos, la profundidad de la bahía de Manzanillo oscila entre cinco y cuarenta y cinco brazas, y tanto la entrada como el puerto permiten el acceso, con total seguridad, a los buques más grandes. Cabe señalar que la Bahía de Manzanillo se encuentra justo en la ruta del gran canal comercial que conecta Europa y Estados Unidos con el nuevo Canal de Panamá, de ahí su inmensa importancia futura como importante base naval y de abastecimiento para los buques del mundo. Esta es también la bahía que el Gobierno de Estados Unidos ha considerado adquirir durante muchos años para una base naval, adquisición que, sin duda, se concretará en un futuro próximo. Debido a la falta de comunicación con el interior de Santo Domingo desde esta bahía, actualmente no hay habitantes en sus costas.

Hotel Central, Santiago de los Caballeros

Todo lo que se necesita en Santo Domingo es capital y espíritu emprendedor para desarrollar los valiosísimos recursos naturales de el país. La mano de obra es barata —de cuarenta a cincuenta centavos al día, y además, mano de obra calificada— y abundante. Vastos territorios de tierras maravillosamente fértiles esperan tan solo métodos de cultivo modernos para convertirse en ricas zonas productivas. El agua abunda en todas partes. Santo Domingo necesita urgentemente infraestructura ferroviaria. Los actuales medios de transporte anticuados, con pocas excepciones en la República, imposibilitan un desarrollo rentable y extenso. El actual Gobierno, bajo la presidencia de Morales —un administrador visionario, inteligente y prudente—, es plenamente consciente de que la inmigración, aunque deseable, es necesaria para lograr un cambio radical en la situación actual de Santo Domingo. Cualquiera que sea la política del Gobierno de Estados Unidos, cabe suponer que un país con recursos tan incomparables, conocidos incluso por los españoles de los siglos XV y XVI con resultados tan sumamente provechosos, ya no puede permanecer hermético.

New York City.

July, 1904.

  • Observación.- Resulta un tanto extraño el planteamiento del autor, cuando se refiere a la cooperación de los Estados Unidos en la República Dominicana, en esa época (1903/1904), cuando dice, citamos:»la cooperación positiva y activa del Gobierno de los Estados Unidos con la actual Administración de Santo Dominigo. Los funcionarios de esta administración son plenamente conscientes de las excepcionales oportunidades que ofrece el capital estadounidense en ese país. Estas nuevas condiciones garantizan el cese de las disensiones políticas, una era de prosperidad permanente y un desarrollo inmediato de sus recursos naturales y de otra índole, sin parangón en ningún otro país del mundo». Termina la cita.
  • En los días que el autor visitó la República Dominicana no hubo inversiones ni ayudas económicas de parte del gobierno de Estados Unidos que la beneficiaran, más bien ejercían presión para que se pagara la deuda que el Estado Dominicano tenía pendiente con la compañia norteamericana San Domingo Improvement Co., que comenzó con el Protocolo firmado por el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos, el 31 de enero de 1903, en cuyo tratado el gobierno dominicano cometió el error de aceptar que el gobierno norteamericano representara los intereses de una compañía privada. Cuando el autor publicó el presente artículo, en julio de 1904, el Tribunal Arbitral conformado de acuerdo con los términos del Protocolo antes citado, se encontraba sesionando en Washington desde mediados de noviembre de 1903, con fines de establecer los plazos y garantías para el pago de la referida deuda, que si no había emitido ya su Sentencia, estaba muy próximo a hacerlo el 14 de julio de 1904. Cooperación o ayuda del gobierno de los Estados Unidos para la República Dominicana hubiera sido la aceptación de los términos del «Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad» propuesto por el gobierno dominicano al de los Estados Unidos el 8 de enero de 1904, que sí contemplaba alguna cooperación y beneficios comerciales sobre exportaciones hacia los Estados Unidos, similares a los que entonces recibía Cuba. Pero éste fue rechazado, puesto que con el Laudo Arbitral Estados Unidos ya tenía asegurado su objetivo, de intervenir directamente en la política dominicana representando los intereses de la San Domingo Improvement Co., sin la necesidad de tener que dar nada a cambio.


  • Introducción:

    El texto presentado corresponde a un testimonio de viaje escrito por el señor Field, un ciudadano Inglés que visitó la República Dominicana —entonces conocida comúnmente como Santo Domingo— a principios del siglo XX específicamente en (1903, 1904). Tras pasar un año recorriendo la isla y observando su realidad social, económica y geográfica, Field ofrece una visión optimista sobre el futuro del país bajo el gobierno del presidente Morales. Desde su perspectiva extranjera, el autor resalta descripciones de la naturaleza tropical, la riqueza natural, la honestidad del pueblo dominicano y las oportunidades que el territorio ofrece para la inversión extranjera. Al mismo tiempo, denuncia la falta de conocimiento que el mundo exterior tiene sobre Santo Domingo y confía en que, bajo un gobierno estable y con la colaboración de los Estados Unidos, el país alcance finalmente el desarrollo económico que su abundancia de recursos promete.


    The Truth About Santo Domingo

    BY H. GOODING FIELD

    [El señor Field es inglés. Acaba de llegar de Santo Domingo, donde ha pasado el último año viajando por toda la isla y reuniéndose con ciudadanos de todas las clases sociales. Está interesado en el desarrollo comercial del país y tiene una visión optimista de la situación.-EDITOR.]

    El escritor en Bonao, Río Yuna

    Cuando se me ocurrió por primera vez la idea de visitar Santo Domingo, se lo comenté a un amigo mío en Nueva York —un hombre bastante inteligente— y me informó que con gusto me daría una carta de presentación para un amigo suyo en Manila, Filipinas, quien, sin duda, haría que mi viaje a Santo Domingo fuera placentero. Considerando que hay más de 20,000 millas entre Manila y la República de Santo Domingo, se puede inferir con seguridad que la situación geográfica de Santo Domingo no se conoce bien; la ignorancia sobre las condiciones generales en Santo Domingo, ante tal desconocimiento, es fácil de imaginar.

    Si bien resulta singular que ésta magnífica isla tropical, con una superficie de 28,249 millas cuadradas, situada equidistante entre las islas de Cuba y Puerto Rico, haya progresado menos y sea menos conocida hoy que cualquier otra parte del hemisferio occidental, las razones que han causado la falta de desarrollo de este país maravillosamente fértil y productivo se ven, por fin, superadas gracias al establecimiento de un gobierno nuevo, fuerte e inteligente, bajo la presidencia de Morales, y a la cooperación positiva y activa del Gobierno de los Estados Unidos con la actual Administración de Santo Domingo *. Los funcionarios de ésta administración son plenamente conscientes de las excepcionales oportunidades que ofrece el capital estadounidense en ese país. Éstas nuevas condiciones garantizan el cese de las disensiones políticas, una era de prosperidad permanente y un desarrollo inmediato de sus recursos naturales y de otra índole, sin parangón en ningún otro país del mundo.*

    Todos los relatos históricos de Santo Domingo coinciden en su clima excepcionalmente saludable y salubre. En muchos puntos del interior, la temperatura, en ningún momento cambia, varía según la estación, descendiendo por debajo de los sesenta grados o ascendiendo por encima de los ochenta y cinco. Tanto en los deltas y valles como en las cumbres de las montañas, el suelo es rico y productivo, capaz de cultivar cualquier planta que prospere en un clima tropical. Las montañas más altas de las Antillas se encuentran en Santo Domingo, con una altitud superior a los 10,000 pies sobre el nivel del mar.

    Es bien sabido que la República de Santo Domingo ha sido, y aún es, confundida con la República Negra de Haití, que comprende solo un tercio del extremo occidental de la isla; el resto, unos 51,800 kilómetros cuadrados, corresponde a la República de Santo Domingo.

    Durante mis viajes por Santo Domingo —en su mayor parte sin compañía— que se extendieron a lo largo de doce meses, la honestidad de los dominicanos me impresionó profundamente. A éste respecto, el siguiente incidente corrobora estas afirmaciones. Al preguntar a un comerciante prominente de Santiago, una importante ciudad del interior, sobre el proceso legal para cobrar deudas bajo la jurisdicción Dominicana, me informó sobre el procedimiento legal para cobrar deudas, me informó que sus leyes establecían los medios para cobrar, al igual que en Estados Unidos, pero que en su larga experiencia como comerciante no había considerado necesario recurrir a los tribunales para tal fin; que sus créditos a dominicanos abarcaban una extensa área y, en total, una suma considerable; se fijaba una fecha para el pago de estos anticipos; por lo general, el pago se realizaba puntualmente, pero si por alguna razón un deudor no podía pagar en esa fecha, él daba sus razones, que siempre eran satisfactorias, y cuando se prometía el pago en otra fecha, se realizaba sin demora. Menciono esta conversación para mostrar la integridad del campesino o jornalero dominicano promedio.

    La Catedral de Santiago

    Se ha afirmado en la prensa que la práctica del vudú está muy extendida en Santo Domingo. Puedo afirmar categóricamente que no hay nada de cierto en esta afirmación. La religión del pueblo dominicano es el catolicismo romano. He sido testigo, en numerosas ocasiones, de sencillos actos de devoción en las chozas más humildes del interior y otras partes de la república. La moral de los dominicanos es buena. Consideran sagrado el voto matrimonial y, según mi propia observación, las relaciones familiares son todo lo que se podría desear. Tanto yo como mis acompañantes —todos extranjeros— hemos recibido toda clase de facilidades y cortesías durante nuestros viajes por parte de los funcionarios del Gobierno, sin importar su afiliación política, y es evidente que al extranjero se le concede un trato preferencial y los privilegios en Santo Domingo se ajustan plenamente al trato recibido en otros países civilizados, a pesar de las reiteradas afirmaciones en contrario. Hoy en día, en Santo Domingo, operan con éxito varias grandes empresas de propiedad exclusivamente de extranjeros, quienes aprovechan, y lo han hecho durante años, las oportunidades que ofrece el país para la inversión segura de capital.

    El dominicano de clase alta es culto y posee una personalidad encantadora. He tenido el privilegio de asistir a numerosas y agradables veladas musicales y literarias con familias dominicanas, pero su aparente reserva hacia los extranjeros en sus hogares se debe fácilmente a su escasa relación con el mundo exterior. El país ha sido, y sigue siendo, una tierra incognita, pero los extranjeros imparciales que han visitado la República no pueden sino admitir que el trato con el dominicano inteligente, tanto desde el punto de vista empresarial como social, es sumamente agradable.

    Un amigo mío- Belga, y residente desde hace tiempo en Santo Domingo, me contó la siguiente anécdota, que tiene mucho que ver con la fé de los dominicanos en materia de creencias religiosas. Mi amigo viajaba por el interior del país cuando se encontró con un hombre que cargaba con dificultad un gran barril de agua que había sacado de un arroyo a unos trescientos metros de distancia para regar su pequeño huerto de plátanos y maíz. Como el arroyo en cuestión tenía una corriente rápida, mi amigo le aconsejó que cavara una pequeña zanja y condujera el agua hasta su huerto, evitando así el trabajo de acarrearla hasta allí. Tras varios minutos de reflexión por parte del dominicano, éste respondió: «Si Dios Todopoderoso hubiera querido que el agua estuviera en mi tierra, la habría puesto aquí». Ésta respuesta, como es evidente, zanjó cualquier discusión posterior, y el dominicano seguía cargando el agua con esfuerzo.

    He asistido a muchos bailes en pueblos costeros e interiores, y lo que más me impresionó fué el refinamiento de la gente. No es que no debiera ser así, sino que, en un país —como tan enfáticamente afirmó el Sr. Thorp en un número reciente de The Independent— donde las guerras civiles se libraron con una brutalidad que presenciaron los dominicanos resulta difícil de creer para quienes no los conocen. Me asombró encontrar un pueblo tan educado, cortés y con los mismos modales refinados que se hallan en otros países, aunque más conocidos. Santo Domingo, como ya he mencionado, es una tierra incognita. Un extenso informe minero, publicado en la revista Knickerbocker Magazine en marzo de 1863, contenía el siguiente extracto:

    «Durante el siglo XVI, Santo Domingo aportó más oro del que toda Europa había tenido en circulación. Sus exportaciones, durante los años de bonanza minera, a veces superaban los 30 millones de dólares anuales. Con la incorporación de mineros experimentados y la maquinaria adecuada, hoy en día se pueden obtener resultados igualmente satisfactorios. Lo que se conoce guarda poca relación, probablemente, con la riqueza mineral desconocida de la isla».

    Quizás no sea de conocimiento general que la extensión, las características y la calidad de la madera en Santo Domingo no tienen parangón en las Antillas ni en ningún país de Sudamérica, e incluye, en cantidades inmensas, todas las maderas preciosas y duras, como la caoba, el satén, el ébano, el guayacán, la madera de lanza, el roble o roble dominicano, la madera de tronco, la baitoa, la mara, etc., y el pino amarillo de hoja larga. La caoba y el satén de Santo Domingo se venden entre 120 y 130 dólares por cada 1000 pies tablares en bruto en cualquier puerto de la República. Si bien muchas de estas valiosas maderas han sido taladas cerca de los cursos de agua y el océano, existen vastos bosques vírgenes de enorme extensión de estas preciosas maderas y pinos aún intactos por falta de transporte ferroviario que los lleve a la costa y al mercado. Del informe de la Comisión de los Estados Unidos enviado a Santo Domingo por el Gobierno de los Estados Unidos en 1871, se indicaba, entre otros asuntos, que en las laderas de las montañas, a diferentes altitudes, abundan tanto las mejores maderas para ebanistería, como la caoba, el satén, etc., como una gran variedad de maderas especialmente adecuadas y valiosas para la construcción de viviendas y barcos. También existe, al parecer, una fuente inagotable de las maderas más valiosas que se utilizan en la manufactura o que tienen valor medicinal, como el palo de tinte, el fuste, áloes, etc. En varios lugares, los comisionados vieron casas construidas principalmente de caoba. A menos de treinta millas del principal puerto marítimo del norte, se veían con frecuencia grandes troncos de caoba de la mejor calidad, sin duda abandonados a la vera del camino por falta de transporte. A pesar de la abundancia de esta valiosa madera, no se encontró ningún aserradero en la isla.

    La bahía de Manzanillo y la bahía de Samaná, ubicadas en las zonas noroeste y este de Santo Domingo respectivamente, son quizás los puertos de aguas profundas y protegidos más importantes de todas las Antillas. Según los mapas hidrográficos del Gobierno de los Estados Unidos, la profundidad de la bahía de Manzanillo oscila entre cinco y cuarenta y cinco brazas, y tanto la entrada como el puerto permiten el acceso, con total seguridad, a los buques más grandes. Cabe señalar que la Bahía de Manzanillo se encuentra justo en la ruta del gran canal comercial que conecta Europa y Estados Unidos con el nuevo Canal de Panamá, de ahí su inmensa importancia futura como importante base naval y de abastecimiento para los buques del mundo. Esta es también la bahía que el Gobierno de Estados Unidos ha considerado adquirir durante muchos años para una base naval, adquisición que, sin duda, se concretará en un futuro próximo. Debido a la falta de comunicación con el interior de Santo Domingo desde esta bahía, actualmente no hay habitantes en sus costas.

    Hotel Central, Santiago de los Caballeros

    Todo lo que se necesita en Santo Domingo es capital y espíritu emprendedor para desarrollar los valiosísimos recursos naturales de el país. La mano de obra es barata —de cuarenta a cincuenta centavos al día, y además, mano de obra calificada— y abundante. Vastos territorios de tierras maravillosamente fértiles esperan tan solo métodos de cultivo modernos para convertirse en ricas zonas productivas. El agua abunda en todas partes. Santo Domingo necesita urgentemente infraestructura ferroviaria. Los actuales medios de transporte anticuados, con pocas excepciones en la República, imposibilitan un desarrollo rentable y extenso. El actual Gobierno, bajo la presidencia de Morales —un administrador visionario, inteligente y prudente—, es plenamente consciente de que la inmigración, aunque deseable, es necesaria para lograr un cambio radical en la situación actual de Santo Domingo. Cualquiera que sea la política del Gobierno de Estados Unidos, cabe suponer que un país con recursos tan incomparables, conocidos incluso por los españoles de los siglos XV y XVI con resultados tan sumamente provechosos, ya no puede permanecer hermético.

    New York City.

    July, 1904.

    • Observación.- Resulta un tanto extraño el planteamiento del autor, cuando se refiere a la cooperación de los Estados Unidos en la República Dominicana, en esa época (1903/1904), cuando dice, citamos:»la cooperación positiva y activa del Gobierno de los Estados Unidos con la actual Administración de Santo Dominigo. Los funcionarios de esta administración son plenamente conscientes de las excepcionales oportunidades que ofrece el capital estadounidense en ese país. Estas nuevas condiciones garantizan el cese de las disensiones políticas, una era de prosperidad permanente y un desarrollo inmediato de sus recursos naturales y de otra índole, sin parangón en ningún otro país del mundo». Termina la cita.
    • En los días que el autor visitó la República Dominicana no hubo inversiones ni ayudas económicas de parte del gobierno de Estados Unidos que la beneficiaran, más bien ejercían presión para que se pagara la deuda que el Estado Dominicano tenía pendiente con la compañia norteamericana San Domingo Improvement Co., que comenzó con el Protocolo firmado por el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos, el 31 de enero de 1903, en cuyo tratado el gobierno dominicano cometió el error de aceptar que el gobierno norteamericano representara los intereses de una compañía privada. Cuando el autor publicó el presente artículo, en julio de 1904, el Tribunal Arbitral conformado de acuerdo con los términos del Protocolo antes citado, se encontraba sesionando en Washington desde mediados de noviembre de 1903, con fines de establecer los plazos y garantías para el pago de la referida deuda, que si no había emitido ya su Sentencia, estaba muy próximo a hacerlo el 14 de julio de 1904. Cooperación o ayuda del gobierno de los Estados Unidos para la República Dominicana hubiera sido la aceptación de los términos del «Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad» propuesto por el gobierno dominicano al de los Estados Unidos el 8 de enero de 1904, que sí contemplaba alguna cooperación y beneficios comerciales sobre exportaciones hacia los Estados Unidos, similares a los que entonces recibía Cuba. Pero éste fue rechazado, puesto que con el Laudo Arbitral Estados Unidos ya tenía asegurado su objetivo, de intervenir directamente en la política dominicana representando los intereses de la San Domingo Improvement Co., sin la necesidad de tener que dar nada a cambio.


  • Introducción:

    A comienzos del siglo XX, la República Dominicana vivía una profunda inestabilidad política marcada por luchas caudillistas. En éste contexto, dos figuras militares destacaron por su protagonismo en los constantes cambios de poder: el general Carlos F. Morales y el general Juan Isidro Jimenes.

    Carlos F. Morales inició y encabezó en Puerto Plata un movimiento llamado «La Unión».

    Morales logró unificar los partidarios del bando jimenista y horacista, dicha revolución dió al traste con el gobierno de Alejandro Woss y Gil en 1903. El general Morales entró triunfante con su ejército a la capital, Santo Domingo y estableció un Gobierno Provisional que inició el 25 de noviembre de 1903. Inicialmente aliado del jimenismo, Morales asumió el poder en medio de tensiones entre las facciones políticas dominantes. Sin embargo, la pugna entre los jimenistas y horacistas se intensificó rápidamente cuando Morales convocó a elecciones el 8 de diciembre de 1903 y Jimenes quién recientemente había retornado al país en esos días desde el extranjero, lanzó su candidatura el día 12 de diciembre. Días después Ramón Cáceres, quien había llegado desde Cuba en esos días para unirse a la revolución unionista del general Morales, éste representando el horacismo, le ofreció la candidatura presidencial a Morales conjunto con él como vice-presidente en la boleta. Cuando ésto se hizo de público conocimiento los jimenistas se levantaron en armas, lo que se conoció como La Desunión. Lejos de responder a una causa política legítima, ésta lucha representa el carácter cíclico y personalista de las revueltas dominicanas, donde los cargos públicos se disputaban por la fuerza, y no por la vía democrática. Ésto no sólo dejaba en evidencia la fragilidad del sistema institucional del país, sino también el alto costo social y económico que pagaba la población por la ambición desmedida de sus líderes.


    Santo Domingo: A Turbulent Republic

    BY CHARLES S. SALOMON

    SAN CARLOS, ESCENARIO HABITUAL DE LAS BATALLAS DECISIVAS EN LA REPÚBLICA DOMINICANA. (Al fondo se vé la capital, Santo Domingo. Las ruinas en primer plano son el resultado de un enfrentamiento ocurrido allí la primavera pasada).

    Probablemente no hay país de su tamaño que atraiga mayor atención periodística o se vea más afectado por estallidos revolucionarios que Santo Domingo, la pequeña república antillana adyacente a Haití. De hecho, rara vez se oye hablar de la República Dominicana, salvo cuando se encuentra en medio de una insurrección como la que está en curso. Cuando reina la calma, no ocurre nada digno de ser narrado. El país es más conocido por dos razones: porque allí fueron enterrados los restos de Colón y por su casi constante agitación política. Con frecuencia se han buscado las causas de los estallidos armados americanos contra el gobierno en constante cambio. Se han atribuido principalmente al temperamento de la gente o al clima. Pero si bien lo primero es cierto, lo segundo es una confusión de causa y efecto. El perpetuo verano de los trópicos tiene más el efecto de volvernos lánguidos y perezosos que de fomentar la energía. Sin embargo, es la ausencia de clima frío lo que hace posible que los insurrectos luchen temporada tras temporada, duerman al aire libre y subsistan, si es necesario (como sucede a menudo), a base de fruto que crece en gran variedad y abundancia en su país. En la República Dominicana, las revoluciones sustituyen a las elecciones. No es que el pueblo sea demasiado impetuoso como para permitir que un presidente complete su mandato durante cuatro años. Tampoco es que las condiciones hayan mejorado como resultado de una campaña victoriosa de algún líder ultrapatriótico, impulsado, aparentemente, por un sentido del deber hacia su país. Lejos de eso. He observado durante diez años con desinterés político cada paso dado en la política de Santo Domingo, y si me pidieran un breve resumen de las razones de los numerosos levantamientos que han tenido lugar allí en ese período, podría expresarlo con precisión en estas dos palabras: “ambición política”. Por supuesto, alguna supuesta mala conducta del gobierno se usa como pretexto para luchar; pero eso se hace para engañar al pobre nativo sin educación, que sigue ciegamente el ejemplo del ambicioso político que ha promulgado y difundido por todo el país un manifiesto que expone las faltas del presidente a quien pretende destituir y, de paso, suceder en el cargo. Para un país tan cercano a nuestras puertas, se sabe relativamente poco en Estados Unidos.

    UNA CASA CAMPESINA EN SANTO DOMINGO.

    Se sabe mucho sobre Santo Domingo, pero que es una de las Repúblicas más ricas, en riqueza natural y suelo fértil, de las Indias Occidentales. Esta falta de conocimiento ha sido a menudo responsable del error de confundir Santo Domingo con Haití. Son dos países tan distintos como Estados Unidos y Canadá. Más aún, porque mientras que en Haití el idioma nativo es el francés, en Santo Domingo es el español. A la República Dominicana también se la ha calificado con frecuencia de isla. No lo es. Santo Domingo se encuentra en la parte oriental de la isla de la Hispaniola, que comprende Santo Domingo y Haití. Este último ocupa la parte occidental de ésta isla. Las dos Repúblicas están divididas por una frontera escasamente poblada. En muchos aspectos, ambos pueblos no son en absoluto diferentes. Tanto el haitiano como el dominicano pertenecen a la fé católica romana. Ambos países son conocidos como repúblicas negras. La población negra domina políticamente, aunque socialmente existe una clara línea divisoria. Del millón de habitantes de Haití, alrededor del 70 % es negra, mientras que el 30 %… es blanca o mulata, siendo ésta última la mayoría. El elemento negro de Santo Domingo constituye alrededor del 40 por ciento de sus seiscientos mil habitantes, con un 30 por ciento de blancos y un porcentaje similar de mulatos. Durante muchos años, Haití fue la meca de la rebelión. Esto ocurrió durante los catorce años comparativamente pacíficos que Santo Domingo disfrutó bajo el gobierno del presidente Heureaux. La situación ha cambiado ahora, y Haití es el más tranquilo de los dos. Haití, debido a su condición más ordenada, ha logrado algunos avances en los últimos años, mientras que Santo Domingo ha retrocedido constantemente. He aquí, pues, un buen ejemplo del gran daño causado por la inestabilidad de las políticas dominicanas. Ambos países están igualmente dotados por la naturaleza con un clima magnífico, gran riqueza mineral y un suelo fértil; sus industrias son similares: café, azúcar y fruticultura; geográficamente son casi un sólo país, y sin embargo, Haití supera a su vecino y rival, Santo Domingo, en la competencia comercial, condición que se puede atribuir directamente a la diferencia en el ambiente político. Durante los catorce años anteriores a 1898, mientras el difunto general Heureaux era presidente de la República Dominicana, ésta prosperó en un grado considerable. Su gobierno no fué satisfactorio, pero era firme. Durante su régimen, se estima que no menos de dos mil hombres fueron ejecutados por orden del presidente por conspiración, real o presunta. Así, suprimió toda oposición. Su gobierno fué probablemente el más corrupto de la historia de la República, pero su trato a quienes perturbaban la paz tuvo un efecto estimulante en la situación comercial de Santo Domingo. Haití y Santo Domingo no mantienen una relación amistosa, aunque sus relaciones oficiales son menos tensas que antes. En años anteriores, los rebeldes dominicanos solían organizarse en la frontera haitiana y luego invadir su propio país, a veces con la ayuda del ejército haitiano. Lo mismo ocurría con los rebeldes de Haití y el ejército dominicano, y es con el fin de poner fin a estas invasiones que los vecinos ahora se toleran mutuamente. En los cinco años y medio transcurridos desde el asesinato del presidente Heureaux, Santo Domingo ha tenido cinco presidentes, cuatro de los cuales obtuvieron sus cargos mediante la rebelión. El mandato constitucional es de cuatro años. El general Carlos F. Morales, quien ha sido el jefe del ejecutivo de la República durante aproximadamente tres meses, obtuvo su cargo por la fuerza, tras derrocar al presidente Alejandro Woss y Gil tras un breve enfrentamiento. Y ahora, casi antes de que el presidente Morales haya tenido tiempo de organizar su gobierno provisional, se ve obligado a defender su autoridad contra otra rebelión, dirigida por el general Juan Isidro Jimenes. No hay gran problema en éste intento de arrebatarle el poder presidencial al General Morales.

    GENERAL CARLOS F. MORALES.

    (Presidente del gobierno provisional de Santo Domingo.)

    Tampoco hay ningún principio político importante en juego en el combate destructivo y sacrificatorio que se está librando. Es solo el esfuerzo desesperado de un hombre por saciar su ansia de poder, por satisfacer sus aspiraciones políticas. A diferencia de la mayoría de los países, en Santo Domingo no hay líneas partidistas. Los acontecimientos políticos son, de hecho, caleidoscópicos. El partidario del gobierno de hoy es el revolucionario del mañana. Jimenes y Morales lucharon juntos por el derrocamiento de Woss y Gil. Jimenes creía que cuando su lucha fuera recompensada con la victoria, sería elegido nuevamente presidente. Pero el general Morales, quien dirigió al victorioso ejército rebelde a la ciudad de Santo Domingo tras la rendición del gobierno de Gil, disipó estas esperanzas y se autoproclamó magistrado jefe de la República. Con lo cual, el general Jimenes comenzó su revuelta contra su antiguo aliado. Las terribles consecuencias de estos levantamientos no son generalmente conocidas, lo que explica que se les caracteriza como «revoluciones incruentas». Esta visión es errónea. La pérdida de vidas a causa de estos desórdenes ha sido espantosa. No se puede hacer una estimación precisa de los miles de individuos descarriados que han sacrificado sus vidas en estas luchas intestinas y bárbaras. Su efecto sobre el comercio también es de gran alcance. La destrucción de la propiedad es tremenda. El comercio está paralizado y la gente vive en la miseria absoluta. Debido a los frecuentes cambios en el personal del ejército, Santo Domingo no cuenta con soldados entrenados. El ejército es indisciplinado, está mal vestido, en su mayoría descalzo y mal alimentado. Sin embargo, estos voluntarios son luchadores desesperados. Los revolucionarios de Jimenes suman unos dos mil hombres, y el gobierno quizás tenga un número similar.

    GENERAL JUAN ISIDRO JIMENES.

    Los primeros lograron algunos avances en las primeras etapas de la rebelión y capturaron varios puertos, que fueron retomados por el ejército de Morales, con la ayuda de las dos cañoneras gubernamentales. Presidente e Independencia. Desde entonces, la causa rebelde ha perdido terreno. Con esta aparente ausencia de civilización profunda, es digno de mención que el dominicano sea honesto, lo cual, a juzgar por su falta de integridad política, se debe más a la superstición religiosa que a los principios. Los más favorecidos —aquellos que tienen intereses comerciales en juego y quienes no participan en la política— se han esforzado durante muchos años por encontrar una solución al problema de cómo acabar con la anarquía imperante. Preferirían el establecimiento de un protectorado por parte de los Estados Unidos sobre Santo Domingo a las condiciones actuales. Ésto, están seguros, garantizaría el orden en la República. Además, resultaría de gran beneficio para los grandes intereses estadounidenses, que, junto con los demás intereses extranjeros, han sufrido grandes daños por la actual inestabilidad del sistema político dominicano.

  • A finales del siglo XIX, la República Dominicana -ubicada en la isla de Santo Domingo- enfrentaba una grave crisis económica y una creciente amenaza a su soberanía. El endeudamiento excesivo, la mala administración y la cesión de derechos aduaneros y concesiones a potencias extranjeras colocaron al país en una posición vulnerable frente a intereses financieros internacionales, especialmente estadounidenses. Mientras las potencias negociaban el control virtual del pais a través de bonos, concesiones y privilegios aduaneros, el pueblo dominicano, orgulloso de su identidad y resistencia, percibía estas acciones como el preludio de la pérdida de su independencia política. Éste texto analiza cómo los intereses económicos extranjeros comenzaron a definir el destino de la isla, en un contexto de tensiones entre la especulación financiera y la autodeterminación de un pueblo.

    ENERO 7, 1893.

    COMPRA DE UNA ISLA .

    Un sindicato de capitalistas estadounidenses comprará Santo Domingo.

    Ciudad de Santo Domingo. Año 1892

    El proyecto de ciertos financieros estadounidenses de comprar la soberanía de la isla de Santo Domingo probablemente encontrará una oposición efectiva de una fuente muy natural. Los nativos no se dejan engañar por el plan. Creen ver en él, el comienzo de la pérdida de su independencia política, por la cual, ellos lucharon tan duro y tan bien por ello a través de los años. Las concesiones que otorgan a los estadounidenses el control virtual de la República de Santo Domingo estaban hasta ahora en posesión de una firma de banqueros de Ámsterdam, que representaba a los tenedores de bonos de Santo Domingo. El precio pagado por el derecho a recaudar los ingresos aduaneros del país se mantiene en secreto, pero se entiende que asciende a unos 3.500.000 dólares en bonos al 5%. Santo Domingo, aunque rico en recursos naturales, ha sido tan mal gobernado que la República está completamente endeudada. Todo está hipotecado a los prestamistas, incluso la venta de sellos postales. Si quieres comprar uno, no vas a la oficina de correos, sino a la sucursal del Crédit Foncier de París, que obtuvo la concesión de sellos para un préstamo de 70.000 dólares. «Las finanzas de la isla están tan bajas que en la actualidad no poder enviar una exhibición a la Feria Mundial.

    Gen. Ulises Heureaux Presidente de Santo Domingo ( República Dominicana )

    Esto aflige profundamente a los dominicanos, pues están muy orgullosos de que Cristóbal Colón estuviera preso allí. La hermosa estatua de Colón frente a la antigua catedral de la ciudad de Santo Domingo no está pagada. La única empresa estadounidense floreciente allí es una lotería, que también tiene una concesión para elaborar cerveza lager, además de la venta de billetes de lotería. A pesar de las dificultades económicas, los habitantes de Santo Domingo no buscan una salida mediante la renuncia a su autonomía política. Creen firmemente que el verdadero objetivo de las negociaciones que han culminado en la compra de las concesiones de Santo Domingo por un sindicato estadounidense es, si no la incorporación directa de la República de Santo Domingo a los Estados Unidos, al menos la gestión parcial por parte de Norteamérica de los negocios de esta república. Aunque quienes han adquirido el control financiero de la isla afirman no pensar más allá de una mera empresa especulativa, es innegable que la importancia política de su proyecto es enorme para Estados Unidos. Gracias a él, este país adquirirá su puerto y su estación carbonífera. Los titulares de la concesión prácticamente gobiernan la república, ya que pagan a los funcionarios. Cuando se habló por primera vez de las negociaciones para la compra, se insinuó que el exsecretario Blaine y los señores Jay Gould y D. Ogden Mills estaban en el plan y que se lanzaría al país con fines electorales. También se sugirió que el gobierno de Estados Unidos era el verdadero instigador del plan. Se informó que el ministro Phelps, en Berlín, había intervenido oficialmente en la acción de Alemania en Santo Domingo y había sido desairado por el subsecretario de Asuntos Exteriores. Se decía que uno de los negociadores más activos en ese momento era el Sr. Isaacs, hijo del difunto alcalde de Londres. Es cierto que, en manos de hombres emprendedores, enérgicos y ricos, la isla pronto podría desarrollar una vasta prosperidad. Los principales productos de Santo Domingo, el asentamiento de origen europeo más antiguo de América, son el tabaco, el azúcar, el cacao, la caoba y una gran variedad de otras maderas, cera, miel, caparazones de tortuga y pieles. De estos, el azúcar, aunque la industria más reciente, es ahora la más importante y productiva. Los minerales son el oro, el cobre y el hierro. Las importaciones en 1887 fueron de 452.258 libras y las exportaciones de 573.425 libras. En 1889-90, los ingresos se estimaron en 593.750 libras. La deuda interna se estimó en 1886 en 312.500 libras, pero además hay una deuda reconocida de 714.300 libras contraída en Londres. San Domingo, la capital, tiene una población de 16.000 habitantes, y entre sus principales atractivos se encuentran la catedral y la residencia de Colón. La superficie del país es de aproximadamente 20.596 millas cuadradas, mientras que la población casi ha alcanzado los 350.000. Los miembros del sindicato de compradores, según se sabe, son Charles W. Wells y Willard Brown, de Nueva York, y John W. Taylor, de Newark. El director general de Correos de Nueva Jersey, Wanamaker, y el senador Matthew Stanley Quay también se mencionan en relación con el plan.

  • Santo Domingo es la ciudad primada de América. Es dónde todo comenzó en el nuevo mundo con la llegada de los españoles en 1492. A continuación veremos un relato histórico sobre el primer asentamiento europeo en la isla de la Hispaniola o Santo Domingo y también acerca de Cristóbal Colón y sus restos. Es un reportaje del año 1903.

    La ciudad europea más antigua en suelo americano.

    Por Frederick A. Ober https://en.wikipedia.org/wiki/Frederick_A._Ober

    Autor de “Tras la estela de Colón”, “El último de los arahuacos”, etc.

    La torre del Homenaje o Fortaleza Ozama, el Castillo más antiguo en suelo americano. Año 1903.

    La ciudad más antigua de construcción europea en América se encuentra en las Indias Occidentales, en la isla de Santo Domingo, El nombre que lleva, y fué fundado por Don Bartolomé Colón, hermano del gran descubridor.

    Ruinas del Monasterio de San Francisco

    Situado como está, tan cerca de nuestros puertos del Atlántico Norte que se puede llegar en menos de una semana de navegación, o, para ser exactos, en unos cinco días, lo sorprendente es que no sea tan visitado. En su segundo viaje a través del Atlántico, en 1493, Cristóbal Colón navegó más al sur que en su anterior viaje, avistando primero tierra en Dominica, en las Antillas Menores, y desde allí costeando la cadena hasta llegar a su punto de partida del año anterior, en la costa norte de Santo Domingo, donde sentó las bases de un asentamiento al que llamó Isabela, en honor a la reina de España. Sin embargo, el sitio era insalubre, y tres años después, mientras Cristóbal estaba ausente en un viaje, su hermano Bartolomé envió grupos de exploración por todas partes buscando una mejor situación. Ésta fué encontrada por accidente en el lado sur de la isla, por un soldado raso que, tras desertar del mando de Don Bartolomé, huyó a una zona desconocida donde fue agasajado por una princesa india, quien se enamoró de él. Al descubrir la existencia del oro, ella le reveló el secreto de que deseaba con vehemencia obtener algunas fuentes de abastecimiento de donde su gente había extraído grandes cantidades del precioso metal. Allí encontró una pepita tan grande como una mesa, e infiriendo que la información sería aceptable para su comandante, se aventuró a regresar a la Isabela con su maravillosa historia. Don Bartolomé lo perdonó por desertar, debido a las valiosas noticias que traía, y poco después partió hacia las minas. Al encontrar la costa sur mucho más ventajosa que la norte, se dedicó de inmediato a fundar un asentamiento. Fué en 1496 que Don Bartolomé fundó la ciudad en la orilla este del río Ozama; pero fue destruido por un huracán en 1502, y los colonos sobrevivientes se trasladaron a la orilla oeste, donde se encuentra la ciudad actual.

    Fachada de la Catedral
    Estatua de Colón y Anacaona frente a la Catedral

    La tradición local señala un antiguo castillo cerca de la desembocadura del río, conocido como el “Homenaje”, en el que se afirma que Cristóbal Colón fue encadenado antes de ser enviado a España en el año 1500. Pero lo cierto es que éste castillo, a pesar de su antigüedad, no se construyó hasta 1509, mucho después del acontecimiento histórico, aunque es, de hecho, la estructura más antigua de su tipo en América. Ese mismo año (1509), Don Diego Colón fué enviado a Santo Domingo cómo virrey, estableció la primera corte virreinal de América, y el gran palacio que construyó, llamado aún hoy la Casa de Colón, se mantiene en pie a un tiro de piedra del castillo. El antiguo palacio de Don Diego está ahora sin techo y en ruinas, pero sus imponentes muros aún se alzan sobre la orilla del río en noble contraste con la miseria de su entorno inmediato. Santo Domingo es una ciudad amurallada, cuya entrada principal se encuentra cerca y a la izquierda de la Casa de Colón. A poca distancia, dentro de las murallas, se encuentran las extensas ruinas del monasterio de San Francisco, el primer establecimiento de la orden fundada en América, en cuya capilla, según la tradición, están enterrados Bartolomé Colón y el valiente conquistador Alonzo de Ojeda. Como simple ruina, independientemente de sus asociaciones históricas, éste antiguo monasterio, con sus muros cubiertos de parras y arcos de claustro, merecerá una visita. Hay historias de que aquí se encuentra enterrado un vasto tesoro, y es bien sabido por todos los residentes de la ciudad que un pasadizo subterráneo conduce a la Casa del Cordón, en una calle a doscientos metros.

    Ataúd que contiene los huesos de Cristóbal Colón

    Encerradas entre las murallas almenadas y con aspilleras que rodean la ciudad, se encuentran varias iglesias que datan de los primeros tiempos españoles, con no menos de trescientos cincuenta años de antigüedad. De todas ellas, quizás la iglesia de Santo Domingo sea la más interesante, si no la más antigua, pues fue fundada en 1509, y tanto por fuera como por dentro, es pintoresca y fascinante en su arquitectura. Si algún lector de este artículo la visita alguna vez, le ruego que examine detenidamente el pavimento de la nave, donde se encontrará una gran tumba con un escudo tallado —el escudo de armas de algún grande español muerto y enterrado siglos atrás—, que aún exhibe un escudo y trece estrellas, el número y los emblemas de nuestros estados originales, pero cincelados en ese mármol doscientos años antes de nuestra famosa Declaración. Esta iglesia también es interesante por tener junto a ella las ruinas de la primera universidad fundada en el Nuevo Mundo, que nos remontan a la época en que el buen obispo misionero Las Casas enseñó aquí e intentó en vano contrarrestar las terribles acciones de sus hermanos Españoles con sus encomiendas de indígenas. Uno podría vagar entre estas ruinas durante días y descubrir algo valioso a cada hora del día. Hay una sola estructura que justificaría una peregrinación, como si fuera un santuario sagrado de los primeros tiempos americanos, y es la noble catedral, cuyas primeras piedras se colocaron en 1512. Ha sido sacudida por terremotos y bombardeada por piratas y bucaneros (una bala de cañón del barco de Sir Francis Drake aún se encuentra incrustada en su techo); pero sus imponentes muros aún se mantienen intactos. A ambos lados de la vasta nave se encuentran una docena de capillas con más de tres siglos de antigüedad que albergan reliquias que son objeto de muchas peregrinaciones reverentes. La catedral también es famosa por ser el receptáculo declarado de las cenizas de Colón, que fueron traídas aquí alrededor de 1549 y colocadas bajo el pavimento del presbiterio, cerca del altar mayor. Los españoles también afirman tener bajo su custodia los restos de Colón, lo que apunta a un supuesto traslado a La Habana en 1795, y más recientemente, hace unos años, de Cuba a España. Pero, en cualquier caso, los dominicos les mostrarán el cofre que contiene los «únicos restos auténticos de Colón», que consisten en unos pocos huesos, algo de polvo, una o dos placas de plata y una bala; todo ello hallado en un ataúd de plomo desenterrado en 1867.

    Cofre de plomo, antiguo receptáculo de los huesos de Colón.

    Fuera de la catedral se alza un monumento a Colón, con su figura de tamaño natural encima, y ​​agazapada debajo una antigua efigie de Anacaona, una princesa india asesinada por los españoles. Hay muchos otros objetos de interés en Santo Domingo, en realidad, pero lo mejor que puede hacer el amante de la historia y el romance Americano es tomar un barco de vapor hacia la antigua ciudad, y entonces se verá que, en realidad, no se ha contado ni la mitad.

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